Serena Gudiño
Ale Olivas ha sido diseñadora, modelo, stylist, creadora de contenido, fotógrafa, estratega y emprendedora. En el mundo creativo y específicamente, en la industria de la moda en México, es difícil adjudicarse un solo título considerando los múltiples roles que se pueden llegar a desempeñar en tan solo un par de horas. Sin embargo, hace poco Ale encontró una manera bastante acertada de resumir lo que hace todos los días: curadora de moda mexa.
Seguramente en estos días has escuchado hablar de The Mexa Society, un espacio que reúne distintas propuestas del diseño mexicano tanto en línea como desde su tienda en la capital del país. Pues bien, Ale lleva casi siete años buscando, seleccionando y dando espacio a propuestas mexicanas que quizá no encontraríamos tan fácilmente en otro lugar. Pero llegar hasta la concept store que hoy conocemos implicó bastante más que tener buen ojo y un feed aesthetic de Instagram.
«Yo sabía que me gustaba mucho la industria de la moda desde siempre», me comparte mientras regresamos en el tiempo a aquel camino que recorrió mucho antes de llegar a The Mexa Society. Estudió diseño de moda mientras trabajaba como modelo para pagar la carrera y aprovechó cada producción para aprender lo que ocurría detrás de cámaras: desde dirección creativa, styling, logística, fotografía, hasta producción.
Había una intención detrás de todo ese aprendizaje: Ale sabía que si algún día quería hacer algo propio —sin tener claro todavía qué sería— necesitaba entender cómo funcionaba cada pieza del rompecabezas.


Antes que todo, estuvieron los zapatos
Los inicios de The Mexa Society no fueron en la tienda física que conocemos hoy en día, sino en la web. En un principio el proyecto fue un e-commerce enfocado en calzado mexicano, pero claro que no cualquier calzado: Ale buscaba precisamente aquellas piezas que los fabricantes y vendedores consideraban demasiado arriesgadas para el mercado tradicional.
En lugar de irse por una silueta clásica en negro o café, ella ya veía el potencial de las botas vaqueras. Mientras la industria nacional continuaba apostando por productos “seguros”, Ale comenzó a notar algo: había consumidores dispuestos a experimentar, pero no siempre existían las piezas que estaban buscando.
Con su primera venta lo confirmó. «Encontré a mi gente. Este es mi nicho», recuerda. Sin embargo, cuando la dinámica con los proveedores comenzó a complicarse, The Mexa tuvo que cambiar de rumbo: ¿por qué seguir insistiendo en la misma estrategia cuando había diseñadores independientes buscando exactamente un espacio para mostrar su trabajo?
La construcción de una comunidad Mexa
El camino llevó a The Mexa Society a aliarse con las marcas independientes, de las cuales algunas llegaron a través de amistades que Ale había construido desde sus años universitarios, mientras que otras fueron conectando con el proyecto.
Desde entonces, la selección de la tienda se mantiene en movimiento, diversas marcas conviven simultáneamente, entrando y saliendo conforme cada diseñador desarrolla nuevas colecciones. Aquí no existe la presión de producir al ritmo de una cadena de fast fashion. The Mexa procura ajustarse a los tiempos y respetar el proceso creativo y productivo detrás de cada proyecto.
Sin embargo, después de años online, esa comunidad finalmente necesitó un espacio físico.


Si bien la pandemia había representado uno de los mejores momentos para el e-commerce de The Mexa Society, eventualmente las calles volvieron a llenarse y con ello regresó el deseo de conectar, probarse la ropa, salir de compras y revivir la experiencia fuera de una pantalla.
Las métricas ya les habían dado una pista, la mayor parte de sus clientes estaba en Ciudad de México y así fue como, después de aproximadamente ocho meses buscando local, la Roma se convirtió en el primer hogar físico de la plataforma. La tienda no solamente fortaleció la confianza de quienes ya compraban en su tienda en línea, sino que atrajo viajeros que llegan a CDMX buscando diseño local y piezas únicas.
“No compitas, haz compitas”
Sus piezas no han sido lo único que ha atraído a compradores nacionales e internacionales, la clave también ha estado en las experiencias que The Mexa ha ofrecido a su comunidad. A través de eventos, han acercado a clientes y diseñadores; algunas marcas que se conocieron dentro de la tienda incluso han terminado aliándose y haciendo proyectos en conjunto.
Entre risas, Ale lo resume con una frase: “No compitas, haz compitas”. Al final, visibilizar la moda mexicana no consiste solamente en reunir diseñadores bajo un mismo techo, sino en generar una comunidad donde los creativos puedan conocerse, colaborar e impulsarse entre sí.
The Mexa Society evolucionó de una página web a una tienda física, ha creado eventos junto con sus aliados y recientemente llevó su curaduría hasta la pasarela de Intermoda en Guadalajara. Aunque Ale no siente la necesidad de correr hacia la siguiente meta, sí tiene claro el objetivo: hacer que descubrir y consumir moda mexicana sea cada vez más sencillo.
No porque el diseño mexicano independiente tenga que competir con el fast fashion desde el precio, sino desde la propuesta, la experiencia y la posibilidad de elegir algo diferente que realmente conecte con quienes somos.
Después de casi siete años, The Mexa Society continúa evolucionando y, si me preguntan, hoy su nombre hace más sentido que nunca. Porque más que convertirse en otra tienda, ha construido una sociedad donde diseñadores, consumidores y creativos pueden encontrarse.



